Me despierto. El ruido que interrumpió mi profundo sueño no fue el del despertador, que debió sonar 45 minutos después. Al vecino del piso de abajo parece que se le rompió el baño por quinta vez en tres meses, y los nuevos albañiles son más madrugadores que los anteriores.
Mientras me ducho, mi hermana menor me grita que me apure, ya que llega tarde al liceo y mama, confundida, le aclara con un tono de voz aún más elevado que ella no está utilizando el baño.
Salgo a la calle, camino rumbo a mi trabajo y siento un ruido ensordecedor, están derrumbando la última casa antigua de la zona con enormes y pesadas maquinas para hacer un nuevo edificio, que por el cartel parece ser muy moderno y con más de 20 pisos.
Luego de 15 cuadras de caminata entre bocinas y el humo que desprenden los enormes camiones de reparto llego a mi oficina. Rato después noto que la tranquilidad de siempre se ve estorbada por gritos, el comienzo de clases en el centro educacional de al lado marca que al inicio de cada hora, los niños tendrán sus 10 minutos de recreo, estorbando la paz a la que ya me estaba acostumbrando.
El fin de mi jornada laboral concuerda con la salida del turno escolar, y esquivando túnicas blancas como si fueran baldosas flojas me escabullo del barullo y me dirijo a la esquina, donde puntualmente un compañero de clase me pasa a buscar en su auto y nos trasladamos hacia la facultad.
La clase de historia de los medios está interesante, desde que aprendí a escuchar la materia como si me estuviesen contando un cuento me resulta mucho más agradable. De repente un enfurecido frenazo en la calle me desconcentra, y me recuerda que todos los ómnibus que transitan por la Avenida Uruguay provocan que la voz del profesor se pierda en su nube de ruidos cada vez que pasan.
Cansado de tan agitado día llego a casa, caliento comida en el microondas y con gritos de fondo saludo a mi madre, parece que la pareja de vecinos que vive en nuestro piso tiene problemas otra vez, comentamos por centésima vez que se deben de estar por separar, pero nunca sucede.
Me acuesto, prendo la luz de cama y me dispongo a leer cuando la alarma de un auto comienza a sonar. Mientras el sonido acompaña mi lectura decido intentar dormir. Apago la luz, cierro los ojos y en ese mismo instante la alarma que parecía nunca callarse deja de sonar.
Me pongo contento, encontré por primera vez paz y silencio en el día. Acomodo mi cuerpo en la cama. Escucho el vacío, oigo la nada.
El caño de escape roto de una moto enciende nuevamente la alarma del auto y mi estado entre despierto y dormido se ve interrumpido. Me tapo la cabeza con la almohada, maldigo para mis adentros y mi mente acompaña la música de la alarma hasta que por fin logro dormirme.
Me despierto. El ruido que interrumpió mi profundo sueño no fue el del despertador…
miércoles, 1 de octubre de 2008
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2 comentarios:
Obviamente voy a ser imparcial
(lo intentaré jaja).
Espero que en este lugar puedas expresar todo lo tengas ganas, algunos días mas cosas, otros días menos, pero que sea siempre lo que tengas ganas!!
De esta forma no solo te sentís bien vos, sino que también nos das un poquito de tu ser a nosotros...
Besos inmensos
"la morocha"
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