jueves, 19 de enero de 2017

TEMA DE FAMILIA



Priiip, priiiip priiiiiiip!!! Hizo el juez Silvera con su silbato y sin pensarlo me abracé con mi hermano Santiago Cassarino, mientras en el cielo mi padre hacia lo mismo con mi abuelo materno, por que lo estaban viendo juntos, alentando como lo hacían estando en la tierra, puteando, pidiendo la hora, llevándose las manos a la cara con esa tremenda atajada final.

Trepado a una columna estaba mi hermano mayor, envuelto en una tremendísima emoción que intentó ser opacada por un policía que le pedía que se baje, mientras le contestaba que lo dejen festejar, que esto es sano, es alegría pura, que hay historia y valores atrás de esos gritos desaforados de una satisfacción incomparable.

Atrás mío festejaban mi hermana Florencia Cassarino y mi madre Maria Gloria Silveira , junto con mi cuñado Marcelo Symonds que no le gusta mucho el fútbol pero acompaña de gamba, alentando, promoviendo la juntada, sacando fotos, como si se tratara de un encuentro familiar, y vaya si lo era…

Mas abajo, pegado al alambrado, mis sobrinos y mi ahijada custodiados por mis cuñadas Bichi Aguirre y Veronica Arocena saltaban por la felicidad casi ajena, preguntándose que era todo eso, y yo pensando en toda esa gente que luchó por ver ese momento y que no lo pudo vivir, y ellos estaban parados sobre la historia del club en el mismo momento que se estaba escribiendo, sin poder darse cuenta de lo que era.

Buscando al hermano que me faltaba, Rafael Ignacio Cassarino Silveira lo veo un poco alejado, con la bandera de capa, hincado, apretado a su hijo mayor que lucía la casaca del campeón, al acercarme noté lo que era de obvio, un río de lágrimas tapaba su cara, y mientras me contagiaba el llanto me recordó todos los que no estaban físicamente con nosotros, no sea cosa que por ser el menor me olvide de ellos.

Luego de cada uno vivirlo a su manera, nos fundimos en varios abrazos grupales, todos queríamos estar con todos, comentar, hablar, reír, sorprendernos. Unos lloraban, otros no lo podíamos creer, mi madre se quejaba de que ella era la última en ser abrazada y todos fuimos a consolarla, como siempre, en familia.

Para Montevideo me volví con mi cuñada y mi sobrina que acompañaron hasta Florida pero no fueron a la cancha por que estaba frío y la hermosa pequeña solo tiene dos meses, pero estuvieron ahí, bien cerquita.

La fiesta seguía en el Viera, pero me volví a festejar a casa que me esperaban mi mujer Gabriela Fornaro y mi hija, que en la tarde había estado jugando con el delantal de Wanderers colgado de la ventana de la cocina, quería contarles lo que habia vivido aunque no me entendieran, quería agarrarla en brazos y contarle que Wanderers es campeón, que ella era socia e hincha, pero que no solo es un club, ser del viejo Bohemio va mucho mas allá, encierra valores de vida, de familia, de humildad y sacrificio. Nadie nos regala nada, por eso se disfruta mucho más lo conseguido.

Gracias a dirigentes como Jorge Nin Baston, a gladiadores representados en Sergio Blanco y a la locura de hinchas como Andres Alonso o Santiago Andrealo García y al empuje de gente como Sebastián Rubino que en el acierto o en error, no titubean en jugarsela si la causa es Wanderers.

Más allá de lo que pase, se hizo real lo soñado, nunca tan cerca de los que ya no están, nunca tan cerca de la gloria, nunca nada tan merecido

FERMATA (2014)



El miércoles a la noche fui a ver al teatro del Sodre el espectáculo de Fermata llamado Unforgetable, y vaya si lo fue, por muchos motivos, pero en uno me quiero detener: pague 300 pesos por mi entrada.


Más de cien personas en escena entre músicos, solistas, integrantes del coro, bailarines, etc. Voces insólitas, de hombres y mujeres, para todos los gustos, que lograban miradas cómplices entre los espectadores para ver si alguien creía lo que estaba viendo, ahí en el Sodre, a 15 minutos de cualquier hogar.

Músicos que hacían que los que no sabemos nada, nos demos cuenta que la dejaban chiquita, bailarines impresionantes, vestuario, maquillaje, iluminación, puesta en escena, y sobre todo: el coro, la excelencia. De grandes y de niños, que no terminaron la escuela y ya andan poniendo pieles de gallina.

Hasta mi suegro con la parquedad que lo caracteriza llegó a decir "en cualquier momento salto a cantar al escenario" por que estos ptofesionales en su conjunto contagiaban a cualquiera. Hasta a el.

Llegue a ellos de casualidad, por la particular amistad que me une con Sebastian Ramirez, un joven con mil batallas que tuvo que irse con todo su talento a España para poder seguir remando y vivir de esto. Y las pocas oportunidades que tengo de verlo es cuando está ahí, donde mejor sabe estar, de donde nunca debería bajarse: en el escenario.

Si tengo suerte, mi amigo leerá esto y algún colgado más, pero quiero agradecer a cada una de las personas que esa noche dejaron el alma para q para nosotros llegue la perfección, lo que no esperábamos, lo inolvidable.

Hay q sacarse un poco el balde y ver que tenemos a pocas cuadras de casa, dejar de lado los mediocres espectáculos que nos llega de la televisión extranjera y animarse a salir acá, creer en esto, por pocos pesos más de lo que sale un combo en mc donalds.

Para los que no conocen, les dejo la web: www.fermata.com.uy

viernes, 28 de octubre de 2016

Padres - Hermanos


Juntos salimos de las malas,
Y nos hundimos en las buenas

Juntos nos fuimos a la B,
Salimos campeones, nos quedamos sin nada,
Y volvimos todos a la cancha.

Disfrutamos de las victorias del otro,
Sufrimos sus derrotas,
Y jamás nos dimos por vencidos.

Fuimos nuestros padres, madres, hermanos,
Y siempre amigos

Juntos nos puteamos,
Nos dijimos que nos queremos,
Juntos nos emocionamos y nos abrazamos tantas veces
Que todavía siento sus manos en la espalda

Juntos brindamos, salimos, nos aburrimos, nos avergonzamos,
Viajamos, cumplimos, defraudamos,
Y siempre nos dimos para adelante

Juntos extrañamos a papa, a mama, a los abuelos
Y a nosotros mismos

Hoy todos somos padres, Flor es madre
Y juntos cuidamos de nuestros hijos.

CUANDO EL MUNDO


Cuando mundo sea mundo

No estaremos ni tú, ni yo

Quedarán estrechas
Esas enormes brechas
Que hoy nos separan
Y no dejan ver nuestros ojos

Los farsantes volverán a su lugar
Y las caretas se fundirán en nuestros rostros
Hasta formar parte de él

Cuando el mundo sea mundo
Y todo sea normal

Espero que te toque a ti

En la tierra

O en el aire.

martes, 5 de octubre de 2010

LIBROS SIN LENTES

Necesito leer un poco más, para entender un montón de cosas. Las personas son como libros, cada una tiene sus interpretaciones.

- Ey! ¿No me vas a escuchar?
- Si, obvio, siempre te escucho
- Bueno, hagamos que te creo, contame, ¿vas a ir para afuera?
- Si me acompañás voy.
- Para mi que querés ir solo…

Tarde un montón en hacerle entender que yo quería que me acompañe, en serio, yo la quería y pretendía ir con ella, pero le erró, y pensaba que le pedí que venga conmigo por que me embolaba ir solo.

- Te estoy pidiendo que vegas, no hay misterio
- Pensalo bien, cualquier cosa me avisas.

Me sacaba. Insistía en no venir, o en que yo no quería q venga. No entendí por que, hasta que me dijo: - Yo me encariño.


Lo sabia, pero recién ahí me di cuenta de que no solo es mi compania, no supe leer lo que en verdad pasaba, pero al entender ese renglón de su libro fue como saber el final antes de terminar la novela.

- Ok, mañana vemos – le digo con voz abatida
- Dale, no te olvides de avisarme.

Todavía no se si me quedo o si me tomo ese ómnibus, pero lo que si se es que con ella o no, me voy a llevar un libro, que me ayude a tomar las decisiones que a veces van más allá de lo que en verdad creemos leer.

UN MINUTO MAS

Para ver si es el primero
O el último

Para que la verdad
Salga a flote

Para que los que hablan
Se callen
O se jacten

Por si ese último suspiro
Trae una señal de futuro

Por si ese primer bostezo
Es señal de noches futuras

Para que la felicidad
Tenga su esperanza

Por si al gracioso destino
Se le puede tapar la boca

Por si debajo de esa manga
Queda una carta por jugar

Para que sea
O no sea

Por que esa mirada
Lo pide desesperada

Por si el juez da una más
Y queda una pelota al área

Para que el miedo
Pueda escaparse por la puerta de atrás

Para que estemos juntos
Pido un minuto más

viernes, 4 de junio de 2010

BIEN

- Estoy bien.

- No, mentira, tu no podés estar bien, mira a tu alrededor, es un desastre.

- De veras, estoy bien, ¿acaso uno no puede sentirse cómodo como está, que siempre tiene que estar cambiando algo?

- Nunca fuiste así, no dejabas pasar las oportunidades, no se qué te está pasando ahora.

- Circunstancias de la vida, yo que sé, llamalo como quieras…

La charla se veía venir, caía por su propio peso, aunque la verdad que intenté estirarla todo lo que pude a lo largo del tiempo, sabía lo que iba a marcar y no podía hacer nada en contra de ello.
No sé bien quien tiene razón, en serio, me parece que me voy a dar cuenta con el paso del tiempo, pero hoy, esta lluviosa mañana de abril, quedo con la cabeza tranquila, aunque al rato me responde:

- Las circunstancias van marcando el camino, sabes bien que es difícil que tengas otra oportunidad como esta…

- Si, es verdad, pero estoy bien, no quiero cambiar nada, viví demasiados en este último año, necesito que el tiempo pase, no quiero lastimar a nadie, pero yo soy así, estoy así y, aunque lo deteste, no es momento de tomar prometer nada que luego no voy a poder cumplir.

- Pero vos pensá que…

- No, basta, yo también salgo perjudicado en cada situación como esta, ¡no quiero hablar más!

Y aunque ambos nos quedamos sentados en la mesa, nadie habló durante un buen rato, la estufa a leña prendida ayudaba a que el ambiente fuera de paz. Yo me quedé pensando en hasta cuando se estirará lo nuestro, y hasta cuando se estirará lo mio, esta terquedad que mezcla lo inteligente y lo cobarde, que no me deja avanzar ni retroceder en nada que involucre al corazón. Y ella se quedó pensando en que soy raro, en que a veces se equivocó, y en la impotencia lógica que se debe de sentir al querer algo que vé, pero que no sale de su jaula.

Avanzar, progresar, crecer, dominar, acotar, no me gusta perder nada, ya perdí mucho y hacerme la idea de que toquen algo más de mi estantería me aterra. Pasa que estoy bien, y no quiero lastimar a nadie, por más q tenga que pagar una factura muy alta. Antes que me gane de mano fui yo quien volvió a romper el silencio:

- ¡Si! Ya sé que hay trenes que pasan una vez en la vida.

- Lo dijiste vos solito. – contestó con desafiante.

- Vos tenés que pensar solo en mi, sos parte de mi, ¿Por qué no me das la razón en todo y listo?

- Por que intento ayudarte, tenés que tomar una decisión coherente.

- Muchas veces tome decisiones acertadas, espero esta sea una de ellas…

Encerrado en mi postura intenté que se calme el ambiente que estaba un poco caldeado, no era para menos, nadie me quería ayudar, estaba atrapado, con una espada constante en el cuello, yo no quiero lastimar a nadie.

- ¿Qué hago con esta pelota? – pregunté con voz desnorteada – La quiero, pero no se si la puedo mantener.

- La respuesta está en vos, en tu voz y en tu corazón, pensás mucho a veces Pablo, hay q pensar un poco menos las cosas para que salgan, todos los saltos se dan con los ojos cerrados.

- He vivido mucho tiempo ciego, prefiero tenerlos abiertos, es lo que me indica el corazón, que los tenga bien abiertos, si no me pueden entender, que den un paso al costado, voy a ser egoísta en esta decisión.

- Parecés firme, el tiempo dirá si escuchaste bien, o si escuchaste mal.

- No me gustan las presiones, les escapo. Si lo mejor es que no nos veamos más, que asi sea, te repito, yo estoy muy bien con mi vida sentimental asi, no quiero dar ningún paso.

Me paré y me fui de la mesa con la cabeza baja, pensando en qué será lo que viene y si en verdad me comprenderá, en algún momento dirá “basta”, y yo lo voy a lamentar, pero no puedo dar lo que no tengo, y yo no quiero lastimar a nadie.

ROMPE RUTINA

Me alegró escuchar su voz, al menos por un rato. Hacía mucho que no hablaba con ella, pero fue como si siguieramos nuestras vidas a diario.

Rompimos en carcajadas, lloramos de la risa, hicimos el amor, cantamos borrachos de felicidad, pasamos un momento increible, juramos repetirlo, hicimos el amor, fumamos un cigarro juntos en la cama, la acompaño hasta la parada, se toma un ómnibus.

Prometimos vernos pronto, y lo hicimos, cenamos, miramos tele, comentamos las noticias, conversamos, le pregunto por su trabajo, me pregunta por mi familia, hicimos el amor.

Quedamos vernos al otro día, pero nadie llamó. Yo cené con amigos, me contaron que ella salió a bailar con sus primas que llegaron del interior.

Una semana después nos encontramos en el boliche de moda, nos abrazamos, charlamos, bailamos, nos besamos, nos tomamos un taxi, hicimos el amor, dormimos un rato, me fui a jugar al fútbol.

Ese domingo quedamos en ir al cine, pero nadie llamó.

DE LARGO

Estaba frente a mi
pero no la pude ver
sus ojos me encandilaron

Pasó por al lado mio
pero no la pude tocar
se fué de mis manos

Delante mio frenó
se dio vuelta y me habló
luego siguió su camino
no entendí qué me dijo

Hoy vive en otra ciudad
lejos de mi casa
pero no le puedo escribir

Miedo de cambiar
sustos por doquier
ya no se mirar
me olvidé de entender

CAMBIOS

Escucho tecno
aunque no me gusta

Misteriosamente voy a la feria
miro ropa y a veces me la pruebo

Duermo mucho más
cuando antes madrugaba

Mi heladera cambió hamburguesas
por brocolí, berenjenas y zapallitos

Fumo mucho más
como un murciélago

Visito más a mis abuelos
y le hago saber a mi madre cuanto la quiero

Voy mucho menos al fútbol
ya no me interesa tanto

Dejé los Redondos un poco de lado
y dos por tres escucho Arjona

Casi no miro películas de acción
y me engancho con las románticas

¿Será que te extraño?
¿o qué te busco?

jueves, 1 de abril de 2010

MOMENTOS

Y a veces pienso
que se cuando no decir nada
y cuando agradecer

Y tengo la humildad
de decir GRACIAS

Sabiendo lo relativo de lo natural
y la necesidad de cada uno,
la hipoteca que se paga
cuando se da lo que a alguien no le sobra
y sin pensar
eso es tres veces dar

Y sin dejar de valorar
todo lo material
cada vez que recuerde
no lo voy a dudar
lo hizo sin calcular

Mañana, aunque no te importe
te lo devolveré
y a mi tumba me voy a llevar
que cuando estuve en la mala
lo hiciste sin pensar

miércoles, 3 de febrero de 2010

LAS ESCOPETAS DE CARLOS

Nunca conocí a nadie como Carlos, siempre de buen humor, tranquilo, sereno, pero capaz de tumbarte si la situación sobrepasaba la pasmante parsimonia con la que día a día se manejaba por la vida. Su tez bien blanca, su cabello casi rubio y sus ojos claros acentuaban su apariencia de buen tipo, transmitía una calidez tan grande que era capaz de calmar la peor discusión solo con su llegada.

Era muy testarudo, siempre luchaba por lo que quería y cuando se ponía un objetivo, simplemente sacaba una de sus escopetas y apuntaba. Casi nunca erraba, su mira calibrada era capaz de bajar cualquier ave de la copa del árbol más alto del bosque que se le ponga enfrente, su bala se transformaba en la palabra, mirada, gesto o consejo preciso para cada circunstancia de la vida.

El orden era una de sus principales virtudes, a simple vista, pocas veces tenía algo fuera de su lugar. Cada escopeta en el sitio que correspondía, con el seguro puesto por las dudas de que las toque alguien que no las conozca y siempre estaban todas cargadas, por que algo de diablo tenía que tener.

Paseando a su perra por el parque, como casi todos los días, escuchó un balazo que parecía ser de una de sus armas, por la resonancia, era de la que el más quería, pero sonó tan lejos que prefirió quitarle importancia, con esa escopeta nadie podía dañarse, salvo él.

Carlos vivía con sus padres y su hermana, para los que tenía escopetas especiales, siempre fueron su debilidad y los defendía siempre, aún cuando sabía que eran culpables, al igual que con sus más amigos, los rodeaba con todo su arsenal y los protegía de todo aquel que intente dañarlos física o moralmente.

Semanas después, camino al trabajo, con el mismo paso elegante y tranquilo con el que se movía para todos lados, tuvo la sensación de que alguien lo apuntaba y la asoció directamente con aquel ruido en el parque, la imagen y el sonido le transmitieron lo mismo, no quiso hacerse la idea que un desconocido tenga su escopeta más preciada, así que en cuanto volvió a su casa se aseguró que estuviese en su lugar, y al verla ahí, flamante, casi nueva, calmó los nervios que lo persiguieron durante toda su jornada laboral

Siempre fue solidario, a pesar de los giros que le presentó la vida, nunca dejó a sus amigos de lado, y cuando alguno pedía algún consejo, él le mostraba la escopeta que usaría en ese momento, pero no se la prestaba, si no le que mostraba donde tenía la suya.

Llegó el verano y Carlos partió hacia el balneario de moda, como la mayoría de los jóvenes de su edad. Mientras tomaba sol y conversaba con sus compañeros de yoga, decidió darse un baño en el mar, ya que el agua aparentaba transparente y limpia. Esquivando baldes, pelotas, sombrillas, borrachos durmiendo y demás elementos que incrementaban sus ganas de llegar pronto a la orilla, quedó sin vida durante un segundo: su escopeta preferida estaba allí, tirada, con el mango blanco casi gris, llena de arena, con la apariencia de abandonada. La miró durante seis segundos que parecieron 15 minutos. Se agachó desconfiado, estiró su mano y la escopeta desapareció de su vista en un instante, como si nunca hubiese estado frente a él.

Pocas cosas lo preocupaban mucho, pero realmente volvió nervioso de sus vacaciones, no entendía como la pasión que tenia hacia sus escopetas se había transformado en una obsesión tan grande de ver la que el mas quería, pero menos sabia usar, en todos lados.

Un jueves a la noche me llama, necesitaba despejarse un poco de la locura en la que se encontraba y me invitó a tomar una cerveza. Pasó por casa a buscarme y a simple vista ya lo noté raro, con cara de desconcierto. Cuatro botellas nos llevó entrar en el tema de sus escopetas y por que le estaban pasando tantas cosas raras en este último tiempo, si siempre las tuvo tan ordenadas.

Acodados, en la barra de siempre pasa una chica y sin pedir permiso, se acerca al oído de Carlos y le dice: -¡Pum!

El la miró sorprendido, apuntó con su escopeta celeste, y en el momento de apretar el gatillo, bajó el arma.

- ¿Por qué bajaste la escopeta? – pregunté sorprendido.
- Es que no estoy seguro cuál usar – respondió con voz confusa.

La noche transcurrió mucho más lenta que con la parsimonia con la que comenzó. Carlos buscaba por todos lados a la chica y yo jugaba con el celular para disimular mi aburrimiento. El reloj que marcaba la hora de la despedida, y la cuenta que raspaba las cuatro cifras hicieron que nuestras casas sean los destinos finales de la salida.

Pagamos, bajamos la inmensa escalera y no dirigimos hacia el auto de Carlos. Al llegar, vimos a la chica apoyada sobre la ventana del conductor, con la escopeta preferida de Carlos, la de mango blanco: - Creo que esto es tuyo- Dijo contenta la chica.

Yo sonreí y Carlos me miró con ojos cómplices, le dí una palmada en el hombro, le deseé suerte, y en el primer taxi que pasó me fui para mi casa, pensando que hasta nuestra escopeta preferida, nos la pueden quitar de a poco, y sin que nos demos cuenta.

jueves, 21 de enero de 2010

VIEJA, ¿ESTAS?

Un día llegué a casa y mamá no estaba, encontré su cartera, las llaves y hasta su billetera, pero no respondía a mis palabras ni aparecía por ningún lado. Abrí su ropero y estaba todo con la misma prolijidad de siempre, en el cajón estaba su cédula, su credencial y hasta su pasaporte.

Me llamó la atención, siempre avisaba cuando salía, la busqué en el living, en el comedor, caminé por toda la terraza y hasta subí a la azotea. Abrí los placares de la cocina, revisé la heladera y hasta el horno, por si alguna pista rondaba por ahí, pero no encontré nada, ni rastros, solo la escuchaba en algún lugar de mi corazón.

Últimamente estaba poco en casa, es verdad, salía mucho y se perdía algunas semana de la capital entre el campo y las playas. En los últimos meses estaba rara, se escondía de su familia y hasta de sus amigos para juntarse con otros conocidos, con algunos extraños y hasta con Dios, pero nada hacia pensar q se iba a ir de casa.

A los días me llama mi hermana para preguntarme donde estaba nuestra madre, que hacía tiempo que no le atendía el celular y sus hijos la querían ver, pero no pude contestarle, simplemente desapareció, y los dos, sorprendidos, nos comenzamos a preocupar aún más, la extrañábamos en nuestras vidas.

Con el correr del tiempo la búsqueda empezó a hacerse masiva, todos los que siempre la quisimos comenzamos a rastrearla por todos lados: en su nuevo entorno, entre sus viejos amigos, en el barrio, en el interior del país y hasta en el de cada uno, no hallamos nada, ni rastros. Mi hermana, en un intento desesperado llamó a Dios, a ver si la había visto, pero este tampoco nos pudo dar ni una pista, nos dijo que hacía tiempo que no lo visitaba, por que, aparentemente, él le dio una respuesta que no quería escuchar.

Prendí la vieja contestadota de casa, por si había algún mensaje, pero no andaba, la había cambiado por el correo de voz de Antel, por que era más cómodo.

Mama no aparece, y sin embargo todo lo de ella sigue ahí. Su ropa intacta, inmaculada, su billetera abierta y su juego de llaves continuaba reluciente arriba de su cama.

La reunión de hermanos no se podía hacer esperar más, teníamos que encontrar la manera de que vuelva a nosotros, o al menos de tomar un rumbo en la búsqueda. Apenas nos juntamos Ignacio volcó toda su angustia, ya que se casaba dentro de poco y quería que mama esté en el altar, pero la fecha se le venía encima y ya estaba pensando en opciones alternativas para sustituirla, ya que no daba señales de vida.
Luego hablé yo, intentando que todos asumamos el duelo de que se había ido y que nosotros no teníamos la culpa, era una decisión de ella y yo la respetaba, aunque a todos nos duela, algún día, tal vez, vuelva. Mi hermano Eduardo me dio la derecha, ya habíamos movido cielo y tierra para encontrarla y no tuvimos suerte, sin embargo, Maria, testaruda como siempre, no quiso bajar los brazos y continuó en su búsqueda interminable. Todos, con nuestros distintos tipos de tristezas, seguimos nuestro camino preguntándonos a diario que es lo que puedo haber pasado.

Siempre tuve una linda relación con todos ellos, de chicos jugamos, peleamos, crecimos, conversamos. Pero en este último tiempo comencé a notarlos más cerca, la ausencia de nuestra madre nos unió mucho y somos más fuertes, estamos más pendientes unos de los otros, no llamamos a diario y disfrutamos de la familia como hacía años no la hacíamos. Mama no está, pero encontré a mis hermanos más adentro mío, me deleito con cada gesto, charla, caricia o consejo que nos demos, todo comenzaba a andar bien nuevamente.

Era un sábado a la mañana, tenia un cumpleaños esa noche y pasé por la feria a ver que le regalaba al homenajeado. Buscando algo a la moda sentí que mi corazón se salteaba un latido. Ella estaba ahí, paseando, mirando ropa, con la misma expresión fría con la que hacía mucho tiempo se habia ido de casa, con la frente bien en alto y una mezcla de maldad y soberbia en los ojos difícil de creer.

Pensé en mirar para otro lado y hacer como si nada, pero no me lo hubiese perdonado nunca. Comencé a caminar poco convencido al puesto en el que estaba, no sabia si abrazarla, besarla o putearla. Mientras esquivaba gente la miré fijo y no se sorprendió al verme, levanto la mano como llamando a un mozo para pedirle la cuenta y esa fue su manera de saludarme después de tanto tiempo. Me paré frente a ella y le di un beso intentando mantenerme cuerdo. Le pregunté donde estuvo, por que se fue sin avisar, si volvía a casa y hasta como hizo para no extrañarnos. Pero no me contestó nada, solo quería saber mi opinión sobre que remera la hacía más flaca. Di un fuerte grito de impotencia que llamó por unos segundos su atención y pudimos hablar. Le conté todo lo preocupados que nos tuvo, que nos desilusionó mucho, y lo difícil que va a ser que todo vuelva a ser como antes, pero no pareció entender lo que le hablaba. Le pregunté si era ella mi madre, a lo que asintió con palabras insulsas.

Me quedé desconcertado, mamá tenia mirada de robot y gestos que la convertían en una perfecta extraña. Estaba muy lejos de ser la mujer cariñosa y tierna que nos crió a todos con tanto sacrificio. Le pedí que venga a conversar con todos sus hijos como un último favor, me costó convencerla, y entre suspiros desganados terminó acompañándome hasta casa, su casa.

Mis hermanos, sorprendidos por la noticia, no demoraron en llegar y comenzó la reunión. Mama nos decía que ella no se había ido a ningún lado, que ella vivía en casa. Entre nosotros nos mirábamos con caras cómplices, no creíamos los que escuchábamos. Le contamos que estuvimos buscandola por todos lados, pero no nos creía, nos negaba su ausencia en todo ámbito. Ignacio, desnorteado, también dudo si era ella, la habíamos encontrado y era una persona desagradable metida en su cuerpo, y al darse cuenta que sí era ella, rompió en un llanto desgarrador, que mi madre pareció no entender. Ese fue el fin de la reunión, todos nos fuimos de su casa para lo de Eduardo y los hombres dormimos ahí, Maria, al rato, se fue con su marido.

Al otro día volví a casa y mama no estaba, encontré su cartera, las llaves y hasta su billetera, pero a ella no y que vuelva va a ser difícil. Dicen que anda dando vueltas por todos lados, de acá para allá, corriendo atrás de la vida y tirándole manotazos a la felicidad que la esquiva con facilidad. Si la veo en la feria de nuevo, miraré para otro lado con la conciencia tranquila de que aquel sábado, intenté que vuelva a casa, su casa.