Zapicán era un pequeño pueblo en el departamento de Lavalleja. Sus calles eran de tierra, con enormes piedras que hacían temblar hasta a la más poderosa de las camionetas 4 x 4. Su territorio constaba de ocho manzanas y unas pocas casas más que se esparcían entre los límites del pueblo. La vida comercial iba acorde con su tamaño, dos almacenes, una veterinaria, un doctor casi recibido y el herrero, el carpintero y el electricista eran la misma persona. En el único comercio que siempre había gente era en el bar, típico boliche de esquina donde los veteranos se juntaban a tomar unas copas y jugar a las cartas a diario.
Adultos, ancianos, jóvenes y niños se reunían en la plaza, verde, natural, hermosa. Donde no faltaban las hamacas, el tobogán y el monumento a Artigas. El ruido de las motos dando vueltas a su alrededor era la permanente música de ambiente. Al costado de la misma, no podía faltar la iglesia, la comisaría y la novedad del momento: el cybercafé.
Danilito y Pepito eran los líderes de un numeroso conjunto de niños a punto de terminar la escuela. El grupo era unido, aunque entre los dos cabecillas siempre hubo discrepancias.
Un buen día, después de clase, deciden armar un partido de fútbol en la plaza, donde podían jugar tranquilos ya que a esa hora no había casi nadie.
Entre todos deciden que los líderes jueguen en equipos distintos y que elijan al resto de los compañeros de equipo. Pepito ganó el famoso “piecito” y se comenzaron a formar los equipos. Como el número de niños era impar, el último sin elegir quedó como juez del encuentro.
El partido comenzó con normalidad, ambos equipos jugaban bien e intentaban convertir algún gol, aunque este se les negaba. De vez en cuando volaba alguna patada con mala intensión, pero el juez no decía nada. Prefería no quedar mal con nadie. Con el correr de los minutos se hacía cada vez más frecuente el intercambio de palabras e insultos entre los capitanes, pero no pasaba nada, el juez no advertía ni le mostraba la tarjeta amarilla a ninguno de los dos.
Estaba por terminar el primer tiempo cuando, cansado de estar en un segundo plano, Tabarecito, el juez, decide que quiere jugar, arto de tener el traje negro y ver como se divierten los demás.
- No, Tabaré, ¿cómo vas a querer jugar? – dijo enojado Danilito
- Por primera vez decís algo coherente – acotó Pepito – este partido no lo podés jugar Tabaré
- Si, si, si. Yo quiero jugar, hace cuatro años que soy juez y nunca pateo una pelota. Yo antes de ser árbitro era el mejor jugador de todos.
- Por ley no podes jugar ahora – dijo Danilito – Tenés que esperar al próximo partido
- Vos por que no leíste la letra chica – comentó enseguida – si el resto de los jugadores me vota, puedo jugar.
- Que el pueblo decida – aclamó cansado Pepito.
Luego de idas y vueltas el resto de los jugadores decidió que por el
bien del partido Tabarecito debía formar parte del juego, y lograron el abucheo de la gente que miraba de afuera. Luego, en reunión exclusiva de líderes con el juez, se decidió que el encuentro continúe de la misma forma que comenzó, y el juez se quedó con ganas de jugar.
A los 5 minutos del segundo tiempo el equipo de Pepito anota un gol y saca una leve ventaja. Cada vez más gente se arrimaba a la plaza a ver el partido, que se estaba poniendo divertido. A medida que el final se acercaba, los espectadores comenzaban a especular con el resultado final. La mayoría daban por ganador al los de Pepito, y unos pocos rezaban para que Danilito pueda empatar sobre el final.
En la última jugada, cuando Danilito está por empatar, Pepito le comete una dura infracción desde atrás, lo que lleva a que el juez le saque la roja. Pero se niega a abandonar la cancha, y se arma una gresca generalizada que lleva a la suspensión del partido escolar. Este nunca más se volvió a disputar, ni siquiera se jugaron los minutos finales.
Este incidente quedó en el recuerdo de los pocos habitantes de Zapicán, y hoy día, cuando ya de grandes se mudaron a la capital, se abrazan Pepe, Danilo y Tabaré, olvidando, como tiempo atrás, aquello que arrancó como un juego, terminó en gresca generalizada.
martes, 16 de diciembre de 2008
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2 comentarios:
esto es exelente,,,,,
gracias hermano!!!
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