jueves, 19 de enero de 2017
TEMA DE FAMILIA
Priiip, priiiip priiiiiiip!!! Hizo el juez Silvera con su silbato y sin pensarlo me abracé con mi hermano Santiago Cassarino, mientras en el cielo mi padre hacia lo mismo con mi abuelo materno, por que lo estaban viendo juntos, alentando como lo hacían estando en la tierra, puteando, pidiendo la hora, llevándose las manos a la cara con esa tremenda atajada final.
Trepado a una columna estaba mi hermano mayor, envuelto en una tremendísima emoción que intentó ser opacada por un policía que le pedía que se baje, mientras le contestaba que lo dejen festejar, que esto es sano, es alegría pura, que hay historia y valores atrás de esos gritos desaforados de una satisfacción incomparable.
Atrás mío festejaban mi hermana Florencia Cassarino y mi madre Maria Gloria Silveira , junto con mi cuñado Marcelo Symonds que no le gusta mucho el fútbol pero acompaña de gamba, alentando, promoviendo la juntada, sacando fotos, como si se tratara de un encuentro familiar, y vaya si lo era…
Mas abajo, pegado al alambrado, mis sobrinos y mi ahijada custodiados por mis cuñadas Bichi Aguirre y Veronica Arocena saltaban por la felicidad casi ajena, preguntándose que era todo eso, y yo pensando en toda esa gente que luchó por ver ese momento y que no lo pudo vivir, y ellos estaban parados sobre la historia del club en el mismo momento que se estaba escribiendo, sin poder darse cuenta de lo que era.
Buscando al hermano que me faltaba, Rafael Ignacio Cassarino Silveira lo veo un poco alejado, con la bandera de capa, hincado, apretado a su hijo mayor que lucía la casaca del campeón, al acercarme noté lo que era de obvio, un río de lágrimas tapaba su cara, y mientras me contagiaba el llanto me recordó todos los que no estaban físicamente con nosotros, no sea cosa que por ser el menor me olvide de ellos.
Luego de cada uno vivirlo a su manera, nos fundimos en varios abrazos grupales, todos queríamos estar con todos, comentar, hablar, reír, sorprendernos. Unos lloraban, otros no lo podíamos creer, mi madre se quejaba de que ella era la última en ser abrazada y todos fuimos a consolarla, como siempre, en familia.
Para Montevideo me volví con mi cuñada y mi sobrina que acompañaron hasta Florida pero no fueron a la cancha por que estaba frío y la hermosa pequeña solo tiene dos meses, pero estuvieron ahí, bien cerquita.
La fiesta seguía en el Viera, pero me volví a festejar a casa que me esperaban mi mujer Gabriela Fornaro y mi hija, que en la tarde había estado jugando con el delantal de Wanderers colgado de la ventana de la cocina, quería contarles lo que habia vivido aunque no me entendieran, quería agarrarla en brazos y contarle que Wanderers es campeón, que ella era socia e hincha, pero que no solo es un club, ser del viejo Bohemio va mucho mas allá, encierra valores de vida, de familia, de humildad y sacrificio. Nadie nos regala nada, por eso se disfruta mucho más lo conseguido.
Gracias a dirigentes como Jorge Nin Baston, a gladiadores representados en Sergio Blanco y a la locura de hinchas como Andres Alonso o Santiago Andrealo García y al empuje de gente como Sebastián Rubino que en el acierto o en error, no titubean en jugarsela si la causa es Wanderers.
Más allá de lo que pase, se hizo real lo soñado, nunca tan cerca de los que ya no están, nunca tan cerca de la gloria, nunca nada tan merecido
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