Un día llegué a casa y mamá no estaba, encontré su cartera, las llaves y hasta su billetera, pero no respondía a mis palabras ni aparecía por ningún lado. Abrí su ropero y estaba todo con la misma prolijidad de siempre, en el cajón estaba su cédula, su credencial y hasta su pasaporte.
Me llamó la atención, siempre avisaba cuando salía, la busqué en el living, en el comedor, caminé por toda la terraza y hasta subí a la azotea. Abrí los placares de la cocina, revisé la heladera y hasta el horno, por si alguna pista rondaba por ahí, pero no encontré nada, ni rastros, solo la escuchaba en algún lugar de mi corazón.
Últimamente estaba poco en casa, es verdad, salía mucho y se perdía algunas semana de la capital entre el campo y las playas. En los últimos meses estaba rara, se escondía de su familia y hasta de sus amigos para juntarse con otros conocidos, con algunos extraños y hasta con Dios, pero nada hacia pensar q se iba a ir de casa.
A los días me llama mi hermana para preguntarme donde estaba nuestra madre, que hacía tiempo que no le atendía el celular y sus hijos la querían ver, pero no pude contestarle, simplemente desapareció, y los dos, sorprendidos, nos comenzamos a preocupar aún más, la extrañábamos en nuestras vidas.
Con el correr del tiempo la búsqueda empezó a hacerse masiva, todos los que siempre la quisimos comenzamos a rastrearla por todos lados: en su nuevo entorno, entre sus viejos amigos, en el barrio, en el interior del país y hasta en el de cada uno, no hallamos nada, ni rastros. Mi hermana, en un intento desesperado llamó a Dios, a ver si la había visto, pero este tampoco nos pudo dar ni una pista, nos dijo que hacía tiempo que no lo visitaba, por que, aparentemente, él le dio una respuesta que no quería escuchar.
Prendí la vieja contestadota de casa, por si había algún mensaje, pero no andaba, la había cambiado por el correo de voz de Antel, por que era más cómodo.
Mama no aparece, y sin embargo todo lo de ella sigue ahí. Su ropa intacta, inmaculada, su billetera abierta y su juego de llaves continuaba reluciente arriba de su cama.
La reunión de hermanos no se podía hacer esperar más, teníamos que encontrar la manera de que vuelva a nosotros, o al menos de tomar un rumbo en la búsqueda. Apenas nos juntamos Ignacio volcó toda su angustia, ya que se casaba dentro de poco y quería que mama esté en el altar, pero la fecha se le venía encima y ya estaba pensando en opciones alternativas para sustituirla, ya que no daba señales de vida.
Luego hablé yo, intentando que todos asumamos el duelo de que se había ido y que nosotros no teníamos la culpa, era una decisión de ella y yo la respetaba, aunque a todos nos duela, algún día, tal vez, vuelva. Mi hermano Eduardo me dio la derecha, ya habíamos movido cielo y tierra para encontrarla y no tuvimos suerte, sin embargo, Maria, testaruda como siempre, no quiso bajar los brazos y continuó en su búsqueda interminable. Todos, con nuestros distintos tipos de tristezas, seguimos nuestro camino preguntándonos a diario que es lo que puedo haber pasado.
Siempre tuve una linda relación con todos ellos, de chicos jugamos, peleamos, crecimos, conversamos. Pero en este último tiempo comencé a notarlos más cerca, la ausencia de nuestra madre nos unió mucho y somos más fuertes, estamos más pendientes unos de los otros, no llamamos a diario y disfrutamos de la familia como hacía años no la hacíamos. Mama no está, pero encontré a mis hermanos más adentro mío, me deleito con cada gesto, charla, caricia o consejo que nos demos, todo comenzaba a andar bien nuevamente.
Era un sábado a la mañana, tenia un cumpleaños esa noche y pasé por la feria a ver que le regalaba al homenajeado. Buscando algo a la moda sentí que mi corazón se salteaba un latido. Ella estaba ahí, paseando, mirando ropa, con la misma expresión fría con la que hacía mucho tiempo se habia ido de casa, con la frente bien en alto y una mezcla de maldad y soberbia en los ojos difícil de creer.
Pensé en mirar para otro lado y hacer como si nada, pero no me lo hubiese perdonado nunca. Comencé a caminar poco convencido al puesto en el que estaba, no sabia si abrazarla, besarla o putearla. Mientras esquivaba gente la miré fijo y no se sorprendió al verme, levanto la mano como llamando a un mozo para pedirle la cuenta y esa fue su manera de saludarme después de tanto tiempo. Me paré frente a ella y le di un beso intentando mantenerme cuerdo. Le pregunté donde estuvo, por que se fue sin avisar, si volvía a casa y hasta como hizo para no extrañarnos. Pero no me contestó nada, solo quería saber mi opinión sobre que remera la hacía más flaca. Di un fuerte grito de impotencia que llamó por unos segundos su atención y pudimos hablar. Le conté todo lo preocupados que nos tuvo, que nos desilusionó mucho, y lo difícil que va a ser que todo vuelva a ser como antes, pero no pareció entender lo que le hablaba. Le pregunté si era ella mi madre, a lo que asintió con palabras insulsas.
Me quedé desconcertado, mamá tenia mirada de robot y gestos que la convertían en una perfecta extraña. Estaba muy lejos de ser la mujer cariñosa y tierna que nos crió a todos con tanto sacrificio. Le pedí que venga a conversar con todos sus hijos como un último favor, me costó convencerla, y entre suspiros desganados terminó acompañándome hasta casa, su casa.
Mis hermanos, sorprendidos por la noticia, no demoraron en llegar y comenzó la reunión. Mama nos decía que ella no se había ido a ningún lado, que ella vivía en casa. Entre nosotros nos mirábamos con caras cómplices, no creíamos los que escuchábamos. Le contamos que estuvimos buscandola por todos lados, pero no nos creía, nos negaba su ausencia en todo ámbito. Ignacio, desnorteado, también dudo si era ella, la habíamos encontrado y era una persona desagradable metida en su cuerpo, y al darse cuenta que sí era ella, rompió en un llanto desgarrador, que mi madre pareció no entender. Ese fue el fin de la reunión, todos nos fuimos de su casa para lo de Eduardo y los hombres dormimos ahí, Maria, al rato, se fue con su marido.
Al otro día volví a casa y mama no estaba, encontré su cartera, las llaves y hasta su billetera, pero a ella no y que vuelva va a ser difícil. Dicen que anda dando vueltas por todos lados, de acá para allá, corriendo atrás de la vida y tirándole manotazos a la felicidad que la esquiva con facilidad. Si la veo en la feria de nuevo, miraré para otro lado con la conciencia tranquila de que aquel sábado, intenté que vuelva a casa, su casa.
jueves, 21 de enero de 2010
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1 comentario:
E X E L E N T E, no sepuede acotar mucho mas........
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