viernes, 4 de junio de 2010

BIEN

- Estoy bien.

- No, mentira, tu no podés estar bien, mira a tu alrededor, es un desastre.

- De veras, estoy bien, ¿acaso uno no puede sentirse cómodo como está, que siempre tiene que estar cambiando algo?

- Nunca fuiste así, no dejabas pasar las oportunidades, no se qué te está pasando ahora.

- Circunstancias de la vida, yo que sé, llamalo como quieras…

La charla se veía venir, caía por su propio peso, aunque la verdad que intenté estirarla todo lo que pude a lo largo del tiempo, sabía lo que iba a marcar y no podía hacer nada en contra de ello.
No sé bien quien tiene razón, en serio, me parece que me voy a dar cuenta con el paso del tiempo, pero hoy, esta lluviosa mañana de abril, quedo con la cabeza tranquila, aunque al rato me responde:

- Las circunstancias van marcando el camino, sabes bien que es difícil que tengas otra oportunidad como esta…

- Si, es verdad, pero estoy bien, no quiero cambiar nada, viví demasiados en este último año, necesito que el tiempo pase, no quiero lastimar a nadie, pero yo soy así, estoy así y, aunque lo deteste, no es momento de tomar prometer nada que luego no voy a poder cumplir.

- Pero vos pensá que…

- No, basta, yo también salgo perjudicado en cada situación como esta, ¡no quiero hablar más!

Y aunque ambos nos quedamos sentados en la mesa, nadie habló durante un buen rato, la estufa a leña prendida ayudaba a que el ambiente fuera de paz. Yo me quedé pensando en hasta cuando se estirará lo nuestro, y hasta cuando se estirará lo mio, esta terquedad que mezcla lo inteligente y lo cobarde, que no me deja avanzar ni retroceder en nada que involucre al corazón. Y ella se quedó pensando en que soy raro, en que a veces se equivocó, y en la impotencia lógica que se debe de sentir al querer algo que vé, pero que no sale de su jaula.

Avanzar, progresar, crecer, dominar, acotar, no me gusta perder nada, ya perdí mucho y hacerme la idea de que toquen algo más de mi estantería me aterra. Pasa que estoy bien, y no quiero lastimar a nadie, por más q tenga que pagar una factura muy alta. Antes que me gane de mano fui yo quien volvió a romper el silencio:

- ¡Si! Ya sé que hay trenes que pasan una vez en la vida.

- Lo dijiste vos solito. – contestó con desafiante.

- Vos tenés que pensar solo en mi, sos parte de mi, ¿Por qué no me das la razón en todo y listo?

- Por que intento ayudarte, tenés que tomar una decisión coherente.

- Muchas veces tome decisiones acertadas, espero esta sea una de ellas…

Encerrado en mi postura intenté que se calme el ambiente que estaba un poco caldeado, no era para menos, nadie me quería ayudar, estaba atrapado, con una espada constante en el cuello, yo no quiero lastimar a nadie.

- ¿Qué hago con esta pelota? – pregunté con voz desnorteada – La quiero, pero no se si la puedo mantener.

- La respuesta está en vos, en tu voz y en tu corazón, pensás mucho a veces Pablo, hay q pensar un poco menos las cosas para que salgan, todos los saltos se dan con los ojos cerrados.

- He vivido mucho tiempo ciego, prefiero tenerlos abiertos, es lo que me indica el corazón, que los tenga bien abiertos, si no me pueden entender, que den un paso al costado, voy a ser egoísta en esta decisión.

- Parecés firme, el tiempo dirá si escuchaste bien, o si escuchaste mal.

- No me gustan las presiones, les escapo. Si lo mejor es que no nos veamos más, que asi sea, te repito, yo estoy muy bien con mi vida sentimental asi, no quiero dar ningún paso.

Me paré y me fui de la mesa con la cabeza baja, pensando en qué será lo que viene y si en verdad me comprenderá, en algún momento dirá “basta”, y yo lo voy a lamentar, pero no puedo dar lo que no tengo, y yo no quiero lastimar a nadie.

1 comentario:

JM dijo...

Complicadas son las charlas con la conciencia... ganas de estrangularla y pedirle que no cuestione más nuestras decisiones aunque no sea posible.
Te dejo un saludo desde el otro lado del charco!
P.D: Vamo´arriba Galeano y El fútbol a sol y sombra